Quiroga aparcó frente a la mansión, yo ya tenía el cinturón desabrochado antes de que el coche se detuviera del todo. Tenía los tres nombres que Camila me había dado, dando vueltas en la cabeza, y la imagen de Perla mirando la calle con esa atención que no era de una niñera sino de alguien que espera una señal, contaba con unos minutos de trayecto para conectar las dos cosas y no haberlo dicho todavía en voz alta, me pesaba en el pecho como algo físico.
Sebastián me había prometido que me esta