La llamada de Ismael cambió el aire de toda la casa.
No porque hubiera gritado.
No porque hubiera dado una noticia espectacular.
Fue precisamente lo contrario.
Su voz había sonado demasiado tranquila y controlada.
Y después de tantos días de tensión, aquello resultaba incluso más inquietante.
—Ya tenemos el resultado.
Esas habían sido sus palabras.
Nada más.
Nada menos.
Y desde entonces mi corazón no había dejado de latir con fuerza.
El trayecto al juzgado transcurrió en silencio.
Sebastián con