El invierno se instaló en la ciudad con un frío penetrante, pero en la mansión Ravenna reinaba un ambiente de calma y propósito. Lila pasaba sus días coordinando los proyectos sociales que habían expandido por todo el territorio —nuevos hospitales en barrios marginales, escuelas con recursos gratuitos, programas de empleo para jóvenes en riesgo. Su trabajo había cambiado la percepción de la familia Ravenna: ya no eran vistos como mafiosos, sino como guardianes del bienestar comunitario.
Nicolás