La oficina de la mansión Montenegro nunca se había sentido tan fría. Elena Valdés sostenía el informe de ADN entre sus dedos, el papel crujiendo como una sentencia de muerte. Dani, el hijo de Isabella, no era un Montenegro. Julián lo sabía. Había sacrificado la salud de su único hijo biológico, Thiago, por el vástago de un extraño.
—¿Por qué? —susurró Elena al vacío—. ¿Por qué llegar tan lejos por una mentira?
—Porque la mentira es el único cimiento de este imperio, Elena —la voz de Marcos De l