Un año después...
La ciudad de Milán estaba envuelta en una niebla gélida, pero dentro del ático de la Torre Vazzana, el ambiente era aún más frío. Dante Vazzana permanecía de pie frente al ventanal de cristal, observando las luces de la metrópoli. Ya no quedaba rastro del hombre impulsivo y apasionado que un año atrás había huido para proteger a su familia. Su rostro ahora era una máscara de piedra tallada; sus ojos, dos pozos de indiferencia absoluta.
Llevaba un traje hecho a medida que costa