El invierno en Zúrich se desvanecía, dejando paso a un primavera fría pero llena de luz. El lirio en el jardín de mi estudio había brotado, sus pétalos blancos brillando bajo el sol matutino. Mientras lo observaba, recibí una llamada de la policía suiza: Elias había sido detenido, junto con varios miembros de la mafia Hastings. La información del disco duro había sido clave, y ahora la familia que me había marcado para siempre estaba desmoronándose. Pero la alegría fue breve: Reinhardt llegó a