Caleb Blackwood siempre había solucionado sus problemas de dos maneras: con violencia o con dinero. Para él, la lógica humana era un estorbo, una serie de sugerencias que los Alphas podían ignorar.
A la mañana siguiente, el hospital no era el mismo. Cuando llegué a la recepción, me encontré con un despliegue de opulencia que me revolvió el estómago. Había flores de invernaderos exóticos en cada esquina, máquinas de café de última generación para el personal y, lo más preocupante, una fila de ho