Dante Del Real llegó a la mansión hecho una furia. Los portazos resonaban como disparos en el vestíbulo de mármol. Tras él, Ivana caminaba con pasos rápidos, tratando de mantener su máscara de preocupación, aunque por dentro hervía de rabia al ver que la atención de la noche se la había llevado "la gorda sumisa".
—¡Aura! —rugió Dante, subiendo las escaleras hacia el ala principal—. ¡Sal de ahí ahora mismo! ¡No tienes idea de lo que has hecho! ¡Ese terreno es una fosa séptica y has dilapidado el