Después de la boda de Sofía y Ignacio en Valencia, el otoño llegó con sus hojas amarillas y rojas, bañando la ciudad en un resplandor cálido que contrastaba con la fría realidad de los secretos que seguían latentes. Sofía pasaba sus días entre la mansión Herrera, donde ayudaba a organizar proyectos sociales, y las visitas a la base militar, donde Ignacio trabajaba en el Grupo de Operaciones Especiales. Aunque la vida con Ignacio era tranquila y respetuosa, el recuerdo de Diego Márquez no abando