Capítulo 3: La Elección que No Tengo
Las voces desde el muro son tan fuertes que ya puedo escuchar lo que dicen: —Abre la puerta! Tenemos que sacarla de ahí!
Mi mamá me agarra la mano: —Noa, ven conmigo. El camino se cierra en unos minutos. No podemos quedarnos.
Pero yo miro hacia el medallón de Iván, y las imágenes todavía aparecen en el lago: veo a Theo mirando hacia la frontera con un rostro de desesperación, como si quisiera decirme algo. Veo a mi padre con el Líder Alfa, sus rostros tensos