El otoño llegó a Valencia con tonos de oro y cobre que bañaban los naranjos del jardín de la mansión Herrera, donde Leo, ahora de seis años, estudiaba sus primeras lecciones de geografía, sus ojos brillantes al ver mapas de países lejanos. Sofía pasaba sus días dirigiendo el proyecto europeo de integración juvenil, que ahora incluía naciones de África y América Latina, mientras Ignacio coordinaba misiones de ayuda humanitaria en el Medio Oriente, apoyando comunidades afectadas por conflictos. A