Capítulo 1: Promesas de sal y cuero
En el pueblo de San Judas, el aire siempre olía a una mezcla de tierra seca y b@rra de cantina. Era un lugar donde las verdades se decían a medias y los pecados se enterraban bajo el polvo del camino. Gael era el dueño absoluto de ese horizonte. No necesitaba títulos de propiedad; le bastaba con su planta de hombre recio, su sombrero de ala ancha que le ensombrecía la mirada y ese andar seguro que hacía que el metal de sus espuelas marcara el ritmo de los lat