Oye, te cuento: unos meses después de que Sol plantara esa rosa en la casa de mi padre, la manada se reunió y dijo algo que nos dejó todos con la piel de gallina — querían hacer una escuela. No una escuela como las de la ciudad, no, sino una nuestra: para que los niños aprendieran de verdad lo que significa ser de la manada — la historia de los lobos celestiales, cómo cuidar el bosque, cómo cantar las canciones antiguas y cómo cazar sin hacer daño.
Liam me miró y yo le dije: "Vamos, hacemoslo".