Desperté con el sol en la cara y Martina dormida a mi lado —ya va dos años y medio, y ahora sabe que su papá se fue a un "lugar bonito sin dolor". La cogo en mis brazos y la acaricio, pensando en la tarde del hospital: cómo ella le dio un beso a Nicolás, cómo le dijo que lo quería, cómo el odio que llevaba dentro se rompió en mil pedazos.
Bajo las escaleras y encuentro a Valeria en la cocina, preparando el desayuno con Lucas a su lado —él tiene tres años y ya le gusta ayudar a todo, aunque más