Desperté en la mansión —la primera vez desde que me eché. Estoy en mi antigua habitación, con Martina dormida a mi lado y el sol entrando por la ventana. Recuerdo la noche anterior: todos abrazados en el salón, llorando y hablando hasta la madrugada. Valeria me dijo que podía quedarme cuantos días quisiera, que la casa era también mía. Pero sé que no es lo mismo. El daño está ahí, como una cicatriz que no se borra.
Me levanto y bajo las escaleras. Oigo el llanto de Sofía y la voz de Valeria con