Barcelona recibió a Aitana con un sol hirviente y el estruendo de una ciudad que nunca pide permiso para existir. Para ella, el caos de las Ramblas era el escondite perfecto. Nadie en esta ciudad sabía quién era "La Diosa Pura" de la Universidad Real. Nadie conocía las fotos, nadie sabía de la traición de los Gómez. Aquí, Aitana Navarro no era más que una cara entre millones, y ese anonimato era su posesión más valiosa.
Se instaló en un pequeño apartamento en el barrio de El Raval, un lugar que