La palabra “cáncer” cayó como un martillo sobre Lila, rompiendo lo poco que quedaba de su cordura. Forzó una sonrisa rota, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. Había creído que al salir de Northwood podría empezar de nuevo, pero el destino le había preparado la peor de las bromas.
—Doctor, ¿cuánto tiempo me queda? —susurró.
—Con tratamiento, tal vez un poco más, pero el costo es excesivo. —El médico se ablandó. —En el peor caso… dos meses. Podrías hablarlo con tu familia.
Lila miró a