La ambulancia llevó a Lila de nuevo al hospital, donde los médicos confirmaron que su cáncer avanzaba más rápido de lo esperado. Sin tratamiento, le quedaban menos de dos meses. Ella pidió que llamaran a Elias, pero el hospital no tenía su número completo, y sus propios documentos —retenidos por él desde su salida de Northwood— seguían fuera de su alcance. En la cama, mientras escuchaba el zumbido de las máquinas, recordó el último concierto que dio: el violín en sus manos, la luz del escenario