Cuatro meses después de la integración de la Manada del Valle de los Robles, Luna tenía diecisiete años. La paz era completa en ambos continentes —nunca antes habían vivido un período tan largo de calma y prosperidad. Los campos estaban llenos de cosechas, las escuelas tenían más niños que nunca, y los lobos vivían en armonía, ayudándose mutuamente en todo.
Pero el siguiente desafío no venía de un enemigo humano —venía de la naturaleza misma. Un terremoto fuerte sacudió el norte del continente