A diez años de la muerte de Lila, el Centro de Música Lila Márquez era un faro en Valdemar, conocido por rescatar voces silenciadas por el abuso. El día de la décima inauguración, el sol se levantó con un brillo dorado que bañó el roble centenario, donde Elias, ahora con cabellos entrecanos y arrugas en los ojos que hablaban de dolor y redención, esperaba a Sofía —ya una violinista reconocida internacionalmente— junto a los Reyes, quienes habían pasado años trabajando en la fundación como forma