Eva
La mañana entra por la ventana sin pedir permiso, demasiado clara para la tormenta que llevo dentro. El café está frío entre mis manos cuando Daniel llega al salón. Ya no hay rastro del alcohol de la noche anterior. Está sobrio, serio, con esa expresión que usa cuando sabe que algo importante va a romperse, aunque aún no sepa exactamente qué.
—Tenemos que hablar —dice.
No levanto la vista de la taza.
—Si es sobre anoche, no quiero —respondo—. No ahora. No nunca, si puedo evitarlo.
Daniel su