EVA
El mensaje llega de noche.
No lo escucho de inmediato porque estoy en la cocina con Rubi, hablando de cualquier cosa que no tenga que ver con trabajo ni con Andrew ni con oportunidades que parecen demasiado grandes para ser reales. Cuando vibra el teléfono, lo dejo sobre la mesa unos segundos antes de mirarlo. No estoy esperando nada.
Hasta que lo leo.
Me quedo quieta.
Rubi me observa desde el otro lado de la mesa, con el tenedor suspendido en el aire.
—¿Qué pasó? —pregunta