Me llevanto, me lavo la cara y me visto como si fuera un día normal.
Rubi está en la cocina, con el cabello recogido y una taza de jugo. Hoy no habla demasiado. Me mira como si intentara ver si voy a cambiar de opinión.
—¿De verdad vas a ir? —pregunta al fin.
—Sí.
—¿Y si te despide?
—Entonces me despide.
Rubi aprieta los labios. No me dice que no lo haga. Ya no es esa fase. Rubi sabe que si me dice "no vayas", yo igual voy. Lo único que cambia es si me voy con culpa o sin ella.
—¿Quieres que va