El veredicto llegó más rápido de lo que esperaba.
El jurado entró en fila, serio, contenido, sin mirar a nadie en particular. El aire en la sala era tan denso que parecía difícil respirar. Andrew estaba a mi lado, inmóvil, su mano entrelazada con la mía con una firmeza tranquila, casi fría. Yo sentía el pulso en la garganta.
El juez pidió que todos se pusieran de pie.
El presidente del jurado sostuvo el sobre unos segundos que parecieron una eternidad.
—En el cargo de intento de homicidio en se