La defensa de Andrew se puso de pie con una calma calculada, sin prisa y sin elevar la voz, pero con la seguridad de quien sabe exactamente lo que tiene en las manos. No había necesidad de gestos grandilocuentes ni de discursos encendidos; su fuerza estaba en la preparación meticulosa, en carpetas perfectamente ordenadas y en una secuencia de pruebas que parecía pensada al milímetro. La manera en que colocó el control sobre la mesa y pidió que encendieran la pantalla transmitía algo más contund