Eva
Andrew no despierta.
Han pasado horas.
Demasiadas.
El monitor sigue marcando el mismo ritmo constante que debería tranquilizarme, pero no lo hace. Cada pitido es un recordatorio de que está aquí… y al mismo tiempo no está.
Estoy sentada a su lado desde que lo vi entrar inconsciente. No he salido de esta habitación salvo para contestar una llamada breve de Amalia y decirle que no voy a hablar con nadie. No hoy.
La luz blanca del hospital le da un tono aún más pálido a su piel. Tiene un venda