Eva
Andrew llega puntual.
Eso ya debería decirme algo.
Cuando abre la puerta, no sonríe.
Mi sonrisa desaparece porque no parece un hombre que llega a dar buenas noticias a su amada.
—Hola —dice.
—Hola.
No nos abrazamos. No nos besamos. No fingimos normalidad.
Nos quedamos de pie en la sala, frente a frente, como dos personas que saben que esta conversación va a cambiar algo para siempre.
Se pasa la mano por el cabello. Está más cansado que la última vez. Más tenso. Como si el traje que lleva pu