Andrew
Ni siquiera cuando dejé a Eva en su cama, cuando me obligué a salir de su habitación sin mirar atrás, cuando cerré la puerta con cuidado como si eso pudiera contener todo lo que sentía por ella. Mi cuerpo estaba agotado, pero mi cabeza seguía despierta, repitiendo una y otra vez la misma imagen: Eva borracha, vulnerable, confiando en mí como si yo fuera alguien bueno.
Como si no fuera el hombre que le había roto la vida.
Estaba en la cocina cuando la escuché.
Pasos pequeños, descalzos.