Andrew
Nunca he creído que el silencio de una oficina pueda gritar, hasta esa noche.
Estaba revisando contratos, fingiendo concentración, cuando la puerta se abrió sin tocar. No fue un golpe seco, ni decidido. Fue torpe. Desordenado. Como ella.
Levanté la vista con fastidio preparado en la garganta… y se me murió ahí mismo.
Eva estaba apoyada en el marco de la puerta como si el mundo le pesara demasiado. El cabello ligeramente despeinado, los ojos brillantes —demasiado—, las mejillas sonrojada