Lo miré sin poder hablar. La lluvia seguía cayendo alrededor de nosotros, golpeando el pavimento, empapando mi ropa, mi cabello, mi piel… pero lo único que podía escuchar era aquella frase.«Si te digo la verdad ahora, vas a odiarme.»Mi pecho se apretó tan fuerte que dolió; el aire comenzó a faltarme lentamente.—¿Qué hiciste…? —susurré.Viktor no apartó la mirada. Sus ojos oscuros permanecieron clavados en los míos con intensidad.Algo que comenzaba a darme miedo de verdad. Pero antes de que pudiera responder, uno de sus hombres apareció apresuradamente bajo la lluvia.—Jefe, tenemos que movernos ya. —Viktor maldijo entre dientes.Luego tomó mi mano, no con brusquedad, eso fue lo peor, porque su agarre fue firme… protector, como si realmente le importara que no me hicieran daño.—¡Suéltame! —Intenté apartarme, pero él me obligó a caminar hacia la camioneta negra.—Después peleas conmigo.—¡No quiero ir contigo! ¡Ni siquiera te conozco! Eres un criminal.—Bueno, ya sabes algo de mí.
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