Ameline se dejó caer en la cama, el colchón hundiéndose bajo su peso mientras el silencio de la habitación la envolvía, al igual que el recuerdo de los brazos de Seth a su alrededor.
La oscuridad era densa, rota solo por el leve resplandor de la luna que se filtraba a través de las cortinas entreabiertas. Cerró los ojos, deseando que el sueño la reclamara rápidamente, pero su mente tenía otros planes, al parecer... El recuerdo del beso con Seth se coló sin permiso, vívido, ardiente, como si a