Seth estaba hundido en su escritorio, rodeado de mapas y documentos desordenados, la luz de una lámpara vieja proyectando sombras duras sobre su rostro cansado.
Tucker estaba a su lado, revisando un informe con la concentración de un halcón, el silencio entre ellos roto solo por el rasgar de un bolígrafo y el ocasional crujir de papel.
Habían pasado tres horas desde que Ameline y Prissy se fueron, y Seth apenas había levantado la vista, perdido en los detalles de Frogtail y el reloj.
El son