Seth podía ver que claramente Ameline estaba incrédula por lo que dijo, y no es que pudiera culparla, la verdad…
—No te estoy mintiendo —aseguró, suspirando—. La verdad, mi abuelo empezó como un traficante de armas, porque en la ciudad está prohibido que el ciudadano común las tenga, pero hay gente que quiere defenderse de los criminales porque no confía en la policía, ¿puedes culparlos?
Ameline cruzó los brazos.
—Aun así, dudo mucho que lo hagan porque son ángeles salvadores que se preocupan