Ameline escuchó boquiabierta y sonrojada a Seth, con el corazón latiéndole rápidamente en el pecho, y odiándose por ello.
Fue inevitable que a su mente le llegaran recuerdos de su noche de pasión, la forma en la que la besó y acarició, sus ojos tan profundos, su mirada al verla sucumbir al placer…
No pudo evitar enrojecer más al pensar en eso, y ya no fue capaz de sostenerle la mirada, mordiéndose el labio mientras bajaba los ojos a su regazo.
Lo peor fue que pudo sentir sus ojos fijos en sus