Prissy siguió intentando levantarle el ánimo, pero para Ameline fue imposible dejar de pensar en Seth y en lo mucho que la confundía.
Ameline suspiro lentamente, forzandose a que la energía optimista de Prissy la envolviera como un bálsamo temporal, aunque el peso de sus miedos seguía anclado en su pecho.
Se acomodó en la cama junto a ella, decidida a aferrarse a ese instante de apoyo mientras el eco de las palabras de Seth reverberaba en su mente, un recordatorio constante de que la batalla