La boca de Seth entre las piernas de Ameline la enloqueció por completo, la hizo perder la cordura, aferrarse a su propio cabello mientras gemía ruidosamente su nombre.
—¡Seth…! ¡Oh, Seth…!...
Seth se apartó de Ameline con un movimiento lento pero deliberado, dejando que el eco de su orgasmo aún resonara en el aire mientras ella jadeaba, su cuerpo temblando en las ondas de placer que él le había provocado.
Se levantó del sofá, su figura imponente caminando hacia el pequeño bar en la esquina