Capítulo 83. Nadie podrá detenerla
—No pasa nada, Lyssara. Solo concéntrate en entrenar. Has avanzado mucho en estos días. Lo demás nos encargaremos nosotros —dice Serenya con voz calma, intentando desestimar lo que acaba de ocurrir.
Pero Aria ya no es la joven dócil que llegó al coven semanas atrás, mucho menos la de meses atrás. Su mirada firme la delata. No está dispuesta a quedarse callada.
—He visto a esos hombres antes. Sé que no son brujos, porque su energía y aroma son distintos. Entonces imagino que son informantes. Quiero saber qué dijeron —responde, avanzando hasta el escritorio. Apoya las manos sobre la superficie de madera y clava los ojos en Serenya.
La anciana suspira, como si hubiera previsto esta confrontación.
—Creí que te mantendrías al margen de todo lo que ocurre allá afuera.
—No —replica Aria con una convicción que sorprende incluso a ella misma—. Mis hermanos están allí, mis amigos, mi gente. Aunque esté distanciada de ellos para que Oscuro no me encuentre, no quiere decir que no me importen. Sie