Capítulo 84. No es una condena
—Lyssara, creo que hay algo mal… —La voz de Lyla resuena en su mente, agitada—. Hemos dado vueltas y vueltas y no podemos salir del coven.
Corren a toda velocidad, las patas de la loba plateada golpean la tierra húmeda con fuerza. De pronto, ella se detiene en seco y alza el hocico, desconfiada. Aria también se queda quieta, con el pecho agitado. Mira alrededor con atención. Los mismos árboles, el mismo sendero, incluso el mismo grillo sonando a su izquierda. Es como un ciclo repetido, una tram