Capítulo 80. El mal se fortalece
Aria se acerca y extiende la mano hacia el rostro de su loba. El pelaje brilla como plata y se siente suave al tacto. Una emoción intensa le recorre el pecho, tan fuerte que le humedece los ojos. Lyla es realmente hermosa y gigantesca.
—¿Esto lo pueden hacer todos los lobos? —pregunta en un susurro, refiriéndose a estar en forma física frente a su parte licántropa.
—No —responde Serenya con firmeza—. Solo una lunaria puede hacerlo. Solo tú y Lyla son capaces de ser una misma o de estar separadas cuando así lo deseen. Todo eso puede ocurrir en un par de segundos.
Aria parpadea, abrumada.
—¿Qué significa eso?
—Que el poder que habita en ambas es inconmensurable. Las lunarias poseen dones que trascienden la comprensión común: pueden sanar más allá de lo físico, comunicarse a través de los velos de la luna, unir espíritus y guiar a las manadas con una fuerza que no depende de la violencia, sino de la armonía; mover los hilos del tiempo, regresar al pasado y cambiar el futuro. Pero también