Punto de vista de Sofía
Lucas me siguió con pasos rápidos, llamándome con insistencia.
—¡Sofía, espera! —me gritaba, pero no le prestaba atención.
Sofía estaba abrumada. Su loba, Alma, le susurraba en la mente, pidiéndole que se detuviera, que respirara y olfateara el aire. Sin embargo, ella no quería escucharla. No ahora. Su corazón latía con fuerza, su pecho se agitaba, y sentía que algo inexplicable comenzaba a apoderarse de su cuerpo.
Cuando llegó a su casa, quiso cerrar la puerta de golpe,