Esa misma noche, antes de regresar a su lecho compartido con Kaelion, Ulva se detuvo frente a la tienda donde reposaba Fenrir. El viento soplaba suave, trayendo consigo el aroma de la tierra mojada y el incienso de los sanadores.
Abrió el telón con suavidad. Fenrir estaba despierto. Sus ojos, ahora más claros, se encontraron con los de ella. No hubo palabras al principio. Solo miradas que cargaban todo lo que había quedado sin decir.
Ulva se acercó y se sentó a su lado. Pasó los dedos por su ca