Fuera del castillo, la manada la esperaba. Rydan y los demás observaban como la torre de hojas colapsaba, cayendo sobre sí misma como una flor muerta. Ulva cayó de rodillas al tocar el suelo. Respiraba, temblaba, pero estaba viva. Kaelion se arrodilló a su lado y la abrazó con fuerza. Todos se acercaron en silencio y cuando la luna real cruzó el cielo despejado, todos alzaron la vista. La noche se había partido en dos. La guerra había terminado, pero las cicatrices... apenas comenzaban a sanar.