El claro del Cuervo Solitario no les ofreció más de unas horas de respiro. Con la salida del sol, que apenas podía competir con el tono anaranjado del cielo contaminado, se pusieron en marcha. La herida de Kael aún era un lastre, pero su determinación era un motor implacable. Su nuevo destino: El Archivo Sellado de Aethel, una cripta de conocimiento que contenía los manuscritos originales de los Tres Fundadores y que se creía resguardada de la influencia del Archon Valerius. Lyra había recordado un fragmento de texto, una nota marginal olvidada que hablaba de una "verdad encarnada" enterrada bajo las arenas.
“El Archivo está protegido por una barrera mnémica,” explicó Lyra mientras caminaban por senderos boscosos. “No pide sangre ni fuerza, sino un precio mental. El guardián exige el sacrificio de algo que el suplicante considere fundamental para su identidad. El recuerdo de un ser querido, la razón de un sueño, o una habilidad adquirida.”
Kael gruñó. “Un precio estúpido. ¿Quién sacri