El descubrimiento del colibrí fue la señal final. Julián Whitethorn señaló el símbolo a gritos, su voz resonando en el hangar. El Inspector Camilo Vélez, con un gesto de absoluta determinación, ordenó a sus hombres a ignorar las protestas histéricas de Diana Alcántara y su equipo legal, quienes ahora gritaban sobre violaciones de derechos humanos y habeas corpus.
"¡Procedan a la inspección forense! ¡Abran el compartimento en esa silla! ¡Con la máxima cautela y graben todo!" gritó Vélez, sabiendo que cada segundo era vital para asegurar la prueba.
Los agentes de Interpol utilizaron herramientas especializadas para desmantelar la silla, trabajando con precisión quirúrgica. El drama alcanzó su punto álgido cuando se reveló un doble fondo perfectamente oculto en la base. El olor a conservantes y madera vieja llenó el aire. Dentro, envuelto en telas antiguas y aceites protectores, yacía el Códice Perdido de Kinich: un manuscrito plegado de más de mil años de antigüedad, el epítome del saqu