El rostro de Cristian no mostró la menor alteración. Nada. Ni sorpresa, ni burla, ni una pizca de empatía.
Estefanía sintió que sus palabras acababan de ser lanzadas al aire, perdiéndose en el espacio, sin alcanzar a llegar a ninguna parte.
Suspiró y se dispuso a irse junto con sus sentimientos ignorados.
Pero antes de que pudiera dar un solo paso, la mano de Cristian se cerró alrededor de su muñeca, tirando de ella.
—Ven aquí —ordenó, dándole un pequeño empujón para acomodarla de nuevo sobre s