Estefanía no fue capaz de decir nada.
La habían atrapado, justo como una presa tonta que se acerca a su propia trampa.
Cristian se enderezó en el sofá, completamente despierto ahora. Le dedicó una mirada afilada que parecía contener un gramo de molestia.
No le gustaba que lo tocara sin su permiso, ya le había quedado bastante claro.
Bajó la cabeza, puso los papeles que había recogido sobre la mesita de centro y se dispuso a desaparecer de su vista para no molestarlo.
Pero entonces el hombre