Los invitados se trasladaron al salón principal, donde una imponente pintura de un atardecer en los Cárpatos se alzaba sobre un caballete, iluminada por un foco de luz.
Era una obra de arte que había estado extraviada durante muhos años, pero recientemente, había aparecido en una coleccion privada y Damon había aprovechado para hacerse con ella, un misterio que solo Damon, el director de la fundación y el comprador sabían. El subastador, un hombre elegante con una voz que resonaba en el salón,