La sensación de movimiento cesó de forma brusca. El traqueteo del vehículo se apagó, seguido por el sonido de portazos y voces amortiguadas. A Lucía, aún con la capucha puesta, la bajaron a empujones y la hicieron caminar unos pasos sobre una superficie irregular, fría como la losa de una tumba. Un olor a tierra húmeda, moho y lejía barata le llenó las fosas nasales. Bajaron unos escalones estrechos, sus pies tropezando en los bordes desgastados.
Finalmente, le quitaron la capucha.
La luz era t