La sala de juntas estaba impecable. Lucía revisó el micrófono, ajustó el volumen y se colocó de espaldas a la puerta. Esta era su gran oportunidad.
A las diez menos diez, todos estaban en sus lugares. Marcos esperaba junto a la entrada. Beatriz, en la primera fila, le lanzó un pulgar hacia arriba.
—Ya sube —anunció la recepcionista—. Lo traigo.
El ascensor sonó. Pasos. Voces bajas. La puerta se abrió.
Lucía seguía de espaldas. Oyó los saludos: Marcos dando la bienvenida, el account manager