XXXIV Pecadores

*Maximov se apartó antes de perder la cabeza. Nadie más estaba en casa y Violeta había llegado hasta su cuarto buscando compañía. Una cosa llevó a la otra y acabaron retozando en la cama.

—No puedo hacer esto, Violeta. —Recuperó la camiseta que ella le había sacado.

—¿Acaso no te gusto?

—¡Sí!... Me gustas mucho, pero deberíamos esperar a que seas mayor.

—Ya tengo catorce.

—Lo sé y las caricias y los besos están bien. Yo te respeto, Violeta y quiero cuidar de ti.

—Yo creo que eres un cobar
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wilerma marinsiiiiiii! espero pronto por más capítulos! que buena historia! ......
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